viernes, 28 de noviembre de 2008

Artículo de Fondo II

El País del Miedo

El miedo tiene nombre y se llama secuestro. Para muchos es una experiencia inolvidable por la angustia, la frustración y el miedo de no saber qué va a pasar. Pero debemos estar conscientes de que nuestro país se encuentra en el segundo lugar después de Colombia con más secuestros, de acuerdo con el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad.
Este delito es uno de los más lucrativos e incluso ha evolucionado en varios estilos. Por un lado el secuestro normal, en que se priva de su libertad a una persona y piden un favor o cantidades exuberantes de dinero a cambio de su liberación. Y el secuestro exprés, el cual en unas cuantas horas sacan cantidades pequeñas de dinero.
Con la creciente ola de secuestros parece como si el gobierno no hiciera nada. Y en efecto, éste no puede proceder si no recibe denuncias que investigar. De acuerdo con las Encuestas Nacionales sobre Inseguridad, se calcula que solo 12 de cada 100 delitos son registrados. Por tal motivo el gobierno no tiene delitos que perseguir si no se denuncian. Sin embargo es preocupante que en el 2007 se estimaba un total de 17 secuestros al día en todo el país.
La sociedad, tiene sus razones para no denunciar y la principal es la falta de confianza en las autoridades, por su corrupción y su impunidad. Al grado que ni porque le suceda a ex funcionarios son capaces de hacer una investigación “decente”. El miércoles el ex comisionado nacional del deporte de México, Nelson Vargas, denunció fuertemente a la PGR por su incompetencia en la solución al secuestro de su hija, la cual ya lleva un año y seis meses desaparecida. Su denuncia se une a la de muchos otros padres que han perdido a sus hijos y siguen con la esperanza de que estén vivos. Otros deben sufrir la realidad de perder a sus hijos a manos de los mismos policías, como fue el caso del joven Fernando Martí.
Por esta razón la sociedad no denuncia, porque tiene miedo hasta de aquellos que juraron protegerlos. La policía en nuestro país lamentablemente está viciada y ciega por el dinero. La falta de buenos sueldos, de la poca educación y la ambición del ser humano provocan que muchos opten por ser corruptos o unirse a grupos delictivos como son secuestradores y narcotraficantes.
Como sociedad es difícil saber qué debemos hacer, lo principal sería comenzar a exigir que la policía trabaje, y la manera de hacerlo es denunciando. Debemos reclamar nuestros derechos a transitar libremente sin miedo, y para eso debemos unirnos, participar, estar atentos y no quedarse callados. Las autoridades por su parte deben responder con mayor educación para los policías, con mejores sueldos para que eviten la tentación y finalmente con purgas que limpien a los malos elementos.
El gobierno debe coordinarse entre los diferentes Estados para determinar que estrategias aplicar. Puesto que en cada uno hay variaciones en cuanto a las víctimas. En el norte se priva de su libertad principalmente a niñas o mujeres para la trata de blancas. En el centro y sur es más recurrente el secuestro para cobrar rescate y en los últimos tiempos para el tráfico de órganos. Este delito no conoce clase social ni edad. Lamentablemente el respeto a la vida y la dignidad humana ya no significan nada. Los seres humanos estamos degradándonos a simples máquinas de matar por dinero. En estos tiempos la sociedad vive aterrada, ya que todos estamos propensos a ser secuestrados por eso no es de extrañarse que vivamos en el país del miedo.

martes, 18 de noviembre de 2008

Artículo de Fondo

¿Cuánto vale la vida?

Por la mañana salen de sus casas miles de mujeres para ir a la escuela o trabajar, pero muchas de ellas ya no regresan. Esta es la situación que se vive en Ciudad Juárez, Chihuahua, desde 1993 se han realizado asesinatos sin motivo aparente. Para muchos estas muertes no son normales y van más allá de simples estadísticas.
Las cifras no se tienen claras, según organizaciones no gubernamentales los feminicidios ascienden a más de 400 y las fuentes oficiales estiman que alrededor de 100. Las contradicciones y los cambios hacen imposible determinar cuántas mujeres han muerto realmente. Los fiscales aseguran que las organizaciones no gubernamentales exageran las cifras al incluir en sus “muertas” todos los fallecimientos accidentales o de violencia intrafamiliar. Lo que sí es un hecho es que no se tiene claro el porqué.
Desde hace mucho tiempo se ha considerado a la mujer como un objeto, un adorno, una máquina para hacer bebés, pero nunca como un ser humano. Aunque se han hecho cambios, la realidad sigue siendo la misma. Es indignante creer que exista una persona o grupo de personas que sean capaces de torturar, mutilar, violar y asesinar jovencitas. Y lo peor de todo es que las autoridades no hacen nada, desde que iniciaron, no se han podido esclarecer estos asesinatos. El gobierno dice que ya ha resuelto el 70% de los casos, el problema es que siguen apareciendo cuerpos y aún no han dado respuesta a las familias de porqué les hicieron eso a sus hijas, madres, amigas o hermanas.
Manuel Esparza, fiscal en esa entidad, citó a un perito estadounidense para explicar la situación del gobierno “El hecho de que nosotros detengamos a un ladrón de autos o a un narcotraficante no implica que con eso se vaya a detener el robo de vehículos y el tráfico de drogas”. Es verdad que no se pueden evitar los asesinatos, pero si se puede evitar que se siga repitiendo el mismo modus operandi, lamentablemente el hecho de que sigan apareciendo muertas, implica que no se ha resuelto nada.
María López Urbina, que en 2004 se desempeñó Fiscal Especial para la Investigación de los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, considera que las organizaciones gubernamentales exageran las cifras y que el gobierno mexicano en especial la PGR realiza un excelente trabajo de investigación criminológica. Sin embargo, es importante destacar que el presidente Vicente Fox tenía en su poder un reporte detallado de la CNDH en el que se puntualizaban todas las infracciones y omisiones cometidas por el gobierno de Chihuahua al investigar los casos.
Estas omisiones van desde no abrir expedientes, no tomar muestras de ADN, no identificar el arma homicida, no analizar residuos orgánicos en la ropa y piel de las víctimas, no hacer caso de las llamadas de alerta por parte de la sociedad, entre muchas otras.
Los asesinatos no pueden generalizarse en muertos y punto, ni tampoco dejarse impunes. Es insoportable saber que la vida de las mujeres no vale ni siquiera para una investigación. Las secuestran sin pedir rescate, las matan y las tiran en la calle como si fueran perros atropellados y el gobierno simplemente no puede conseguir resultados.
Algunos pensaran, entonces ¿Para qué se van las mujeres a Ciudad Juárez? O ¿Por qué si saben, andan solas en la noche o la madrugada?. La respuesta es simple, las mujeres atacadas son humildes que trabajan en las maquiladoras, con turnos a veces de 11 de la noche a 6 de la mañana y que necesitan el dinero para mantener a su familia. Es entoces que la pregunta debería ser: ¿Por qué matar de esa forma a mujeres trabajadoras, humildes y con la necesidad de superarse?
No importa si son 10 o 400, el asesinato de mujeres no tiene porque verse como algo natural. El hecho de que vivan 2 millones de habitantes en Ciudad Juárez, y aunque 400 sea un número pequeño en comparación, no aminora que es un verdadero problema, la muerte, tortura y violación de mujeres humildes. Las muertes en Juárez no son algo común y mucho menos normal.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Editorial 3

Se veía caer, pero no así

Para enero de 2009 se tenía contemplado cambiar el gabinete presidencial y entre ellos al Secretario de Gobernación. Pero lo que aconteció el martes pasado fue una de las salidas poco esperadas y menos deseadas. Antes de las siete de la noche el jet proveniente de San Luis Potosí a la ciudad de México, en dónde se trasladaba el Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y el ex subprocurador de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, José Luis Santiago Vasconcelos, se desplomó entre paseo de la reforma y periférico en la ciudad de México.
En la hora más concurrida de la avenida Reforma pocos son los que pueden contar el hecho, pues muchos murieron calcinados y aplastados. Es difícil creer en accidentes cuando los hechos se repiten a lo largo de la historia. En al menos tres sexenios fallecieron las figuras públicas más cercanas a los presidentes en turno.
El 23 de marzo de 1994, fue asesinado por dos balazos el candidato a la presidencia Luis Donaldo Colosio, gran amigo del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. En el sexenio del presidente Vicente Fox Quesada murió su amigo el Secretario de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta. Finalmente el pasado 4 de noviembre de 2008 muere el actual Secretario de Gobierno, Juan Camilo Mouriño íntimo amigo del presidente Felipe calderón.
Mucho se ha dicho de este avionazo, del que aún no se sabe a ciencia cierta cómo fue que se cayó y si fue accidental o no. El piloto Emilio Hernández que estaba a cargo de una nave atrás del jet caído, declaró que es imposible el desplome vertical de un avión, tal como según se presume fue el accidente. Pues en el radar del control de vuelo se dejo de recibir señal en el mismo lugar donde aparecieron los restos del avión. Un avión con falla mecánica sigue volando. Por lo tanto, se debió de caer más allá del lugar donde se encontró.
Mouriño, nació el 1 de agosto de 1971 en Madrid, y a los 18 años se nacionalizó mexicano. Desde joven tuvo los privilegios de vivir cómodamente. Su familia es conocida por hacer negocios y comenzó su popularidad con la famosa red de Amigos de Fox. Pero su incursión en la política comienza en 1997 compitió por diputado local y de dónde más tarde se convertiría en diputado federal. Fue entonces cuando conoció a su amigo Felipe Calderón. Y en el sexenio de Vicente Fox fue nombrado subsecretario de Electricidad. Actualmente su familia se ha visto involucrada en acusaciones de fraude, respecto a las empresas del padre de Mouriño y PEMEX, pero aún se investiga.
Para el presidente es una pérdida valiosa y aunque la sociedad se siente conmovida, no se puede idealizar a este personaje. En sus últimos discursos el presidente ha tratado del limpiar el nombre de Juan Camilo Mouriño y de su familia, pero eso solamente se podrá cambiar con hechos y con los resultados que arrojen las investigaciones sobre los posibles fraudes.
Más allá de las conjeturas y especulaciones, la muerte nunca es bienvenida. Juan Camilo tenía una vida prometedora, pues ya se veía la posibilidad de lanzarlo para la candidatura de las elecciones del 2012. Pero por desgracia el destino o como se cree, el narcotráfico, decidió que era su fin.