¿Qué hay detrás de la máscara?, siempre hemos tenido curiosidad cuando algo nos parece oculto, pero cuando se trata de ponernos a nosotros al desnudo simplemente no lo aceptamos. Esa pregunta que algunas veces da gracia y otras
veces repulsión ha sido la pregunta que me he hecho.
Octavio Paz en su libro el Laberinto de la Soledad menciona que el mexicano utiliza máscaras para ocultar su verdadero yo. En el libro se enfocó a la idea del macho mexicano, en pocas palabras describió al hombre mexicano y dejó un poco de lado a la mujer. Es verdad que la mujer es un símbolo muy importante para todos los mexicanos gracias a la Virgen de Guadalupe, pero no es lo mismo para todas las demás que somos simples mortales.
En realidad describir al hombre mexicano o al pelado, como lo describió Samuel Ramos, es mucho más sencillo que describir a la mujer mexicana, y de igual modo a la mujer en general. Porque es la mujer aquella que debe llevar más máscaras y somos nosotras las que debemos ser aún más herméticas.
A las mujeres se les considera el adorno, la máquina, el juguete, la burla, la amiga, la sentimental, la fuerte, la neurótica, la fácil, la ingrata, la maldita, la usada, la loca, la sirvienta, la otra, etc. En pocas palabras una mujer nunca está bien. Así como decía Sor Juana Inés de la Cruz en su poema “Opinión, ninguna gana, pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana”[1].
Una mujer debe aprender a ser recatada pero no lo suficiente como para ser ingrata. Pues aquellas que son independientes y denotan mucha fuerza son temidas y criticadas por neuróticas. Y como bien lo menciona Octavio Paz en el Laberinto de la Soledad, a la mujer se le considera inferior por su condición pasiva y abierta, en el sentido en que a la mujer es a la que se penetra.
Pero ¿Acaso la mujer es realmente pasiva? Tal como los machos mexicanos son herméticos por esa opresión que sienten de sentirse inferiores gracias a la conquista española, en la mujer es aún más por el hecho de que además de la conquista española fuimos degradadas por los hombres. Se nos considera débiles, sentimentales y poco confiables “chismosas”.
Es verdad que las mujeres son consideradas inferiores. Pues los hombres nos etiquetaron de deficientes, a la mujer no se le considera lo suficientemente buena, por el hecho de ser débil. Pero realmente es debilidad o es una ilusión de debilidad. Son tan egoístas los hombres que no se dan cuenta de que ¡Nos hacemos las tontas!
Cuantas veces no hemos sorprendido a un hombre con nuestra “intuición femenina” pues les sorprende que seamos tan lógicas y que logremos comprender lo que ellos no. Sin embargo, eso no es magia, las mujeres hemos aprendido a observar. Al servir a los hombres podemos darnos cuenta de sus debilidades, contradicciones y miedos, porque al ser consideradas inferiores nunca nos observan. Simular es el arte que la mujer ha aprendido.
Esta condición inferior nos da la fortaleza de conocer nuestro entorno, el problema es que no podemos expresarlo abiertamente, porque eso equivaldría a ser rechazadas tanto por hombres y mujeres. Porque la repetición constante de nuestra inferioridad nos hace tener miedo a no estar capacitadas, es decir, nos da miedo arriesgarnos.
Al tener ejemplos de mujeres que se arriesgaron y lograron salir de la etiqueta, siempre los hombres les atribuyen cualidades masculinas, es decir, si una mujer es tan buena como un hombre, entonces de seguro es lesbiana o marimacha. Por consiguiente, una mujer no puede ser buena por sí misma.
El hecho de no poder expresarnos abiertamente nos hace callarnos, terminamos dejando que los hombres hablen por nosotras, son ellos los que dicen conocernos, pues nos dan todo lo que “necesitamos”, pero se enfurecen cuando les pedimos un abrazo en lugar de tener sexo. Creen que una mujer es feliz con cosas materiales pero en realidad lo que quiere la mujer es realizarse interiormente. Dejar de tener miedo al riesgo es lo que queremos, no es esa igualdad estúpida que los hombres alegan, - Si quieren igualdad carguen las bolsas del mandado- es una igualdad de autorrealización, de que si queremos estudiar se nos dé la oportunidad, que escuchen nuestras opiniones, que no nos menosprecien. En realidad, en lugar igualdad pedimos respeto.
[1] Luis y Nuri de la Cabada. Poemas de Sor Jyuana Inés de la Cruz. Redondillas. Visitado el 10 de febrero de 2009 en: http://members.tripod.com/Heron5/sor1.htm#YA%20QUE%20PARA%20DESPEDIRME
veces repulsión ha sido la pregunta que me he hecho.Octavio Paz en su libro el Laberinto de la Soledad menciona que el mexicano utiliza máscaras para ocultar su verdadero yo. En el libro se enfocó a la idea del macho mexicano, en pocas palabras describió al hombre mexicano y dejó un poco de lado a la mujer. Es verdad que la mujer es un símbolo muy importante para todos los mexicanos gracias a la Virgen de Guadalupe, pero no es lo mismo para todas las demás que somos simples mortales.
En realidad describir al hombre mexicano o al pelado, como lo describió Samuel Ramos, es mucho más sencillo que describir a la mujer mexicana, y de igual modo a la mujer en general. Porque es la mujer aquella que debe llevar más máscaras y somos nosotras las que debemos ser aún más herméticas.
A las mujeres se les considera el adorno, la máquina, el juguete, la burla, la amiga, la sentimental, la fuerte, la neurótica, la fácil, la ingrata, la maldita, la usada, la loca, la sirvienta, la otra, etc. En pocas palabras una mujer nunca está bien. Así como decía Sor Juana Inés de la Cruz en su poema “Opinión, ninguna gana, pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana”[1].
Una mujer debe aprender a ser recatada pero no lo suficiente como para ser ingrata. Pues aquellas que son independientes y denotan mucha fuerza son temidas y criticadas por neuróticas. Y como bien lo menciona Octavio Paz en el Laberinto de la Soledad, a la mujer se le considera inferior por su condición pasiva y abierta, en el sentido en que a la mujer es a la que se penetra.
Pero ¿Acaso la mujer es realmente pasiva? Tal como los machos mexicanos son herméticos por esa opresión que sienten de sentirse inferiores gracias a la conquista española, en la mujer es aún más por el hecho de que además de la conquista española fuimos degradadas por los hombres. Se nos considera débiles, sentimentales y poco confiables “chismosas”.
Es verdad que las mujeres son consideradas inferiores. Pues los hombres nos etiquetaron de deficientes, a la mujer no se le considera lo suficientemente buena, por el hecho de ser débil. Pero realmente es debilidad o es una ilusión de debilidad. Son tan egoístas los hombres que no se dan cuenta de que ¡Nos hacemos las tontas!
Cuantas veces no hemos sorprendido a un hombre con nuestra “intuición femenina” pues les sorprende que seamos tan lógicas y que logremos comprender lo que ellos no. Sin embargo, eso no es magia, las mujeres hemos aprendido a observar. Al servir a los hombres podemos darnos cuenta de sus debilidades, contradicciones y miedos, porque al ser consideradas inferiores nunca nos observan. Simular es el arte que la mujer ha aprendido.
Esta condición inferior nos da la fortaleza de conocer nuestro entorno, el problema es que no podemos expresarlo abiertamente, porque eso equivaldría a ser rechazadas tanto por hombres y mujeres. Porque la repetición constante de nuestra inferioridad nos hace tener miedo a no estar capacitadas, es decir, nos da miedo arriesgarnos.
Al tener ejemplos de mujeres que se arriesgaron y lograron salir de la etiqueta, siempre los hombres les atribuyen cualidades masculinas, es decir, si una mujer es tan buena como un hombre, entonces de seguro es lesbiana o marimacha. Por consiguiente, una mujer no puede ser buena por sí misma.
El hecho de no poder expresarnos abiertamente nos hace callarnos, terminamos dejando que los hombres hablen por nosotras, son ellos los que dicen conocernos, pues nos dan todo lo que “necesitamos”, pero se enfurecen cuando les pedimos un abrazo en lugar de tener sexo. Creen que una mujer es feliz con cosas materiales pero en realidad lo que quiere la mujer es realizarse interiormente. Dejar de tener miedo al riesgo es lo que queremos, no es esa igualdad estúpida que los hombres alegan, - Si quieren igualdad carguen las bolsas del mandado- es una igualdad de autorrealización, de que si queremos estudiar se nos dé la oportunidad, que escuchen nuestras opiniones, que no nos menosprecien. En realidad, en lugar igualdad pedimos respeto.
[1] Luis y Nuri de la Cabada. Poemas de Sor Jyuana Inés de la Cruz. Redondillas. Visitado el 10 de febrero de 2009 en: http://members.tripod.com/Heron5/sor1.htm#YA%20QUE%20PARA%20DESPEDIRME

2 comentarios:
Hace poco que leí El Laberinto de la Soledad, Postdata y Vuelta a El Laberinto de la Soledad donde octavio Paz apostaba a que muchas mujeres preferirían ser tratadas con menos "respeto" y más libertad y autenticidad dado que ese respeto muchas veces es una manera de sujetarlas y callarlas. Más adelante describía como una mujer activa daba imagen de "mala mujer". Pues con esta concepción a estas alturas ya me habría ganado el infierno...porque si algo que no soy es pasiva.
En efecto no creo que seamos muy pasivas, pero sí hemos dejado que esa imagen se tenga de nosotras. Es verdad hay diferencias, pero se les olvida (a los hombres) que también tenemos lógica y pensamiento propio que no siempre se adecúa a las ideas dominantes. Es otra concepción del mundo y a eso es a lo que yo pido respeto, si nosotras podemos aceptar las ideas masculinas por qué los hombres no aceptan las nuestras o les cuesta tanto adaptarse a ellas.
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